Hace algún tiempo enviaron un email de esos que tienen adjuntada una (comúnmente llamada) presentación de Power Point.
La presentación decía algo similar a esto:
Erase una vez un hombre pobre, que vivía en un pueblo, y además era el tonto del pueblo (pobre hombre, cuantas desgracias… y no lo digo por vivir en un pueblo
).
Algunas personas del pueblo se metían con él, y para demostrar su inteligencia y la carencia de inteligencia del “tonto del pueblo” le proponían siempre el siguiente trato: Coge la moneda que prefieras, y será tuya.
Claro, el pobre cogía siempre la grande por su tamaño (en este caso la grande tenía mucho menos valor que la pequeña, creo recordar que era 100 veces menor en cuanto a valor).
Un día una persona se acercó al pobre y le preguntó: ¿Es que no ves que la moneda pequeña vale más que la grande?
Y el pobre le respondió: Sí, por supuesto, no soy tan idiota. Pero sé que si cojo la de más valor no se repetirá este “juego” y no podré comer porque necesito el dinero.
¿Qué nos enseña esta historia? Pues que aunque parece mentira hay personas que parecen idiotas frente a otras, y en realidad, es todo lo contrario.
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